viernes, 1 de febrero de 2008

sudaba. sabía lo que vendría. y no podía hacer nada. nunca aprendió a rezar, y se lamentó. sólo quedaba esperar que los segundos vinieran en fila por él... y lo aplastaran.
ella tomó su mano. fría. él no la sintió llegar. porque nunca se fué. y se marcharon.


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